Oración de San Juan Pablo II a Nuestra Señora de Guadalupe

06/03/2025 3 min

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Sinopse do Episódio

Oh, Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia, Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que buscan tu protección, escucha la oración que te dirigimos, con filial confianza, y preséntanos a tu Hijo Jesús, nuestro único Redentor. Madre de Misericordia, Maestra del sacrificio oculto y silencioso, a ti, que vienes al encuentro de nosotros pecadores, te consagramos, en este día, todo nuestro ser y todo nuestro amor.Te consagramos también nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras alegrías, enfermedades y dolores. Concede paz, justicia y prosperidad a nuestro pueblo. Todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra. Queremos ser completamente vuestros y caminar con vosotros por el camino de la plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia. No nos sueltes de tu mano amorosa. Virgen de Guadalupe, Madre de América, te rogamos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por caminos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.Contemplad esta inmensa mies e interceded para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y envíe abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios. Concede a nuestros hogares la gracia de amar y respetar la vida que comienza con el mismo amor con la que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios.Santísima Virgen María, Madre del Amor Hermoso, protege nuestras familias, para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos. Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a buscar continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos y volver a Él, mediante la confesión de nuestras faltas y pecados en el sacramento de la Penitencia, que trae serenidad a Nuestra alma.Te rogamos que nos concedas un gran amor a todos los santos sacramentos, que son las huellas de tu Hijo en la tierra. Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en nuestra conciencia, con nuestro corazón libre de maldad y de odio, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que viene de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.Su Santidad Juan Pablo II México, enero de 1979.